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JUGAR ES NORMAL

Noticia publicada en el diario EL PAÍS el 13 de Noviembre de 2018.

Jugar es normal, por José Antonio Gómez Yañez

Los locales vacíos han sido ocupados por negocios de estética (odontólogos, ópticas, gimnasios…), supermercados, nuevos bares. También por salones de juego, con máquinas sofisticadas, regulados desde hace 40 años, y tiendas de apuestas, reguladas desde 2006.

Se han instalado en calles concurridas y barrios accesibles por el precio del suelo. Nada hay de conspiración en esto.

En la Comunidad de Madrid había 385 salones en 2017, uno por cada 17.013 habitantes, no parece excesivo (hay 30.882 bares y restaurantes). Suponen 2.320 empleados. El impuesto especial sobre el juego aportó a la Comunidad 146,5 millones de euros. Además, las empresas pagan Impuesto sobre Actividades Económicas, cotizaciones sociales, impuesto de sociedades, IBI, en total más de 200 millones de euros (el gasto en personal del Ramón y Cajal o del Clínico).

Este debate lo domina la emocionalidad. Un salón de juego supone invertir más de 400.000 €, nadie que haga esta inversión se arriesga a graves sanciones por dejar pasar a menores. Quienes dicen ver a menores en los salones pueden llamar a la policía. De 22.810 inspecciones en 2017, la Comunidad abrió 22 expedientes por presencia de menores y 12 de prohibidos (0,15% de las inspecciones). No hay menores en los salones o tiendas de apuestas.

Los clientes son racionales, saben que jugando se suele perder, aunque se puede ganar, toman las pérdidas como el coste de la entrada a un espectáculo. La apuesta media es 3€, se devuelven 2,40 € en premios.

Quienes apuestan suelen acertar. En el ‘clásico’ se pagó la victoria del Barça a 30 céntimos por euro apostado. Nadie va a hacerse rico con las apuestas, dan el gustazo de acertar.

España es, con Alemania, Francia, Suecia y Noruega, el país con menor tasa de juego problemático (0,3/0,5%). Es el resultado de una estricta regulación desde 1978. En España hay 5.481 casos en tratamiento (0,014% de los mayores de 18 años). Son problemas personales que hay que atender pero no es la dimensión de un problema social.

Se juega para socializar. Hay deportes y juegos de habilidad, también de suerte, envite o azar. Proporcionan pequeñas satisfacciones para salir de la rutina. La ilusión en las loterías (del Estado y la ONCE), competir con otros o con la banca en los casinos, demostrar que se sabe de un deporte en las apuestas, ser tocado por la fortuna entre amigos en el bingo.

Cada semana juegan millones de madrileños. A una manifestación contra el juego en Bravo Murillo fueron 100, no hay alarma social, ni motivos para ella.

José Antonio Gómez Yáñez es sociólogo, profesor en la Universidad Carlos III de Madrid y director técnico del Anuario del Juego en España, que realizan el Instituto de Política y Gobernanza (IPOLGOB) de la Universidad Carlos III de Madrid y la empresa CODERE .